La respuesta de Dios para el pecado de la humanidad fue su hijo.
Romanos 8:1-9 - La libertad de los creyentes respecto de la condenación
Los creyentes pueden ser disciplinados por el Señor, pero no serán condenados con el mundo. Por su unión con Cristo por medio de la fe, están seguros. ¿Cuál es el principio de su andar: la carne o el Espíritu, la naturaleza vieja o la nueva, la corrupción o la gracia? ¿Para cuál de estos hacemos provisión, por cuál somos gobernados? La voluntad sin renovar la verdad de Dios que es su palabra es incapaz de obedecer por completo ninguna instrucción de los mandamiento de Dios. La ley, además de los deberes externos, requiere obediencia interna. Dios muestra su aborrecimiento del pecado por los sufrimientos de su Hijo en la carne, para que la persona del creyente fuera perdonada y justificada. Así, se satisfizo la justicia divina y se abrió el camino de la salvación para el pecador. El Espíritu escribe la ley del amor en el corazón, y aunque la justicia de la ley no sea cumplida por nosotros, de todos modos, bendito sea Dios, se cumple en nosotros; en todos los creyentes hay quienes responden a la intención de la ley divina en Cristo.
El favor de Dios, el bienestar del alma, los intereses de la eternidad son las cosas del Espíritu que importan a quienes son hij@s según el Espíritu caminan. ¿Por cuál camino se mueven con más deleite nuestros pensamientos? ¿Por cuál camino van nuestros planes e ingenios? ¿Somos más sabios para el mundo o para nuestras almas? Los que viven en el placer del egoísmo y el EGO están muertos, El alma REDIMIDA es un alma viva, y esa vida es paz. La mente carnal no es sólo enemiga de Dios, sino la enemistad misma. El hombre carnal puede, por el poder de la gracia divina, ser sometido a la ley de Dios, pero la mente carnal, nunca; esta debe ser quebrantada y expulsada.
Podemos conocer nuestro estado y carácter verdadero cuando nos preguntamos si tenemos o no el Espíritu de Dios y de Cristo, versículo 9. Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu. Tener el Espíritu de Cristo significa haber cambiado el designio en cierto grado al sentir que había en Cristo Jesús, y eso tiene que notarse en una vida y una conversación que corresponda a sus preceptos y a su ejemplo.
Romanos 8:10-17 - Sus privilegios por ser los hijos de Dios
Si el Espíritu está en nosotros, Cristo está en nosotros. Él habita en el corazón por fe. La gracia en el alma es su nueva naturaleza; el alma está viva para Dios y ha comenzado su RECTA Fe EN EL SEñOR que durará para siempre. La justicia imputada de Cristo asegura al alma, la mejor parte, de la muerte en su semejanza. De esto vemos cuán grande es nuestro deber de andar, no en busca de la carne, sino en estar y andar en el Espíritu. Si alguien vive habitualmente conforme a las lujurias corruptas, ciertamente perecerá en sus pecados, profese lo que profese. ¿Y puede una vida mundana presente, digna por un momento, ser comparada con el premio noble de nuestro supremo llamamiento? Entonces, por el Espíritu esforcémonos más y más en reconocer las aflicciones de la carne.
La regeneración por el Espíritu del Dios trae al alma una vida nueva y divina, aunque su estado sea débil. Los hijos de Dios tienen al Espíritu para que obre en ellos la disposición de hijos; no tienen el espíritu de servidumbre, bajo el cual estaba la esperanza del Antiguo Testamento, por la oscuridad de esa dispensación. El Espíritu de adopción no estaba, entonces, plenamente derramado. Y, se refiere al espíritu de servidumbre, al cual estaban sujetos muchos del Pueblo de Israel en su proceso. Por lo cual, en Cristo, al final no seremos desobedientes a la palabra de Dios como ellos, no podemos ser, perdedores para Él.
Romanos 8:18-25 - Sus esperanzas ante las tribulaciones
Los sufrimientos de los creyentes golpean, pero no más hondo que las cosas del tiempo, sólo duran el tiempo actual, son aflicciones leves y sólo pasajeras. ¡Cuán diferentes son la sentencia de la palabra y el sentimiento del mundo respecto de los sufrimientos de este tiempo presente! Indudablemente toda la creación espera con anhelosa expectativa el período en que se manifiesten los hijos de Dios en la gloria venidera preparada para ellos. Hay debilidades, deformidad y enfermedad que sobrevinieron a la criatura por la caída del hombre en el pecado. Hay enemistad de una criatura contra otra. Son utilizadas, más bien se abusa de ellas, por el hombre como instrumentos de pecado. Sin embargo, este estado deplorable de la creación está en el reino de Dios que esperamos “con esperanza”. Dios nos librará de estar en una naturaleza mantenida en esclavitud por la depravación y corrupción del hombre. Las miserias de la raza humana, por medio de la maldad propia de cada uno y de unos con otros, declaran que el mundo no siempre continuara como está.
Que nosotros hayamos recibido las primicias del Espíritu, vivifica nuestros deseos, anima nuestras esperanzas y eleva nuestra expectativa. El pecado fue y es la causa culpable de todo el sufrimiento que existe en la creación de Dios. El pecado trajo las aflicciones y dolores sufrimientos junto a la vanidad de la tierra; que enciende las llamas del fuego infernal. En cuanto al hombre, ninguna lágrima ha sido derramada, ningún lamento se ha emitido, ninguna punzada se ha sentido, en cuerpo o mente, que no haya procedido del pecado. Esto no es todo: hay que considerar que el pecado afecta la gloria de Dios. ¡Con cuánta temeridad, temible, mira el grueso de la humanidad a esto! -Los creyentes han sido llevados a un estado de seguridad, pero su consuelo consiste más bien en esperanza que el deleite de a palabra de DIOS CRADOR DEL UNIVERSO. El mundo por la expectativa vana de hallar satisfacción en las cosas y efectos del pecado los sentidos egocéntricos traen confusión. Necesitamos paciencia, nuestro camino es áspero y largo, pero el que ha de venir, vendrá, aunque parezca que tarda nuestra esperanza se afirma en la fidelidad de su espíritu se manifestará la verdad de su palabra.
Romanos 8:26-27 - La ayuda del Espíritu Santo en la oración
Aunque las dolencias de los cristianos son muchas y grandes, de modo que serían vencidos si fueran dejados a sí mismos, el Espíritu Santo los sostiene. El Espíritu, como Espíritu iluminador, nos enseña por qué cosa orar; como Espíritu santificador obra y estimula las gracias para orar; como Espíritu consolador, acalla nuestros temores y nos ayuda a superar todas las desilusiones. El Espíritu Santo es la fuente de todos los deseos que tengamos de Dios, los cuales son, a menudo, más de lo que pueden expresar las palabras. El Espíritu que escudriña los corazones puede captar la mente y la voluntad del espíritu, la mente renovada, y abogar por su causa. El Espíritu intercede ante Dios y el enemigo no vence.
Romanos 8:28-31 - Su interés en el amor de Dios
Lo bueno para los santos es lo que hace buena su alma. Toda providencia tiende al bien espiritual de los que aman a Dios: apartándolos del pecado, acercándolos a Dios, quitándolos del mundo y equipándolos para el cielo. Cuando los santos actúan fuera de su carácter, serán corregidos para volverlos a donde deben estar. Aquí está el orden de las causas de nuestra salvación, un hilo conductor de oro que no puede ser roto.
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo”. Todo eso que Dios concibió como la finalidad de la gloria bendita, la decretó como el camino de la gracia y la rectitud de su palabra. Toda la raza humana merecía la destrucción, pero por razones imperfectamente conocidas para nosotros, Dios determinó recuperar a algunos por la regeneración y el poder de su gracia. El predestinó, o decretó antes, que ellos fueran conformados a la imagen de su Hijo. En esta vida ellos son renovados en parte y andan siguiendo las huellas del maestro.
Romanos 8:32-39 - Triunfo final por medio de Cristo
Todas las cosas del cielo y la tierra, cualesquiera sean, no son tan grandes como para exhibir el libre amor de Dios como la dádiva de su herencia como Hijo somos parte de su familia, Por la expiación del pecado del hombre en la cruz; todo lo demás sigue a la unción con Él y el interés en Él. “Todas las cosas”, todo eso que pueda ser causa o medio de cualquier bien real para el cristiano fiel. El que ha preparado una corona y un reino para sus herederos como hijo, nos dará lo que necesitamos en el camino para alcanzarla nuestra esperanza en el futuro en Cristo está garantizada nuestra redención.

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